jueves, 19 de mayo de 2011

¿Cámara hiperbárica o sagrario?

VER
Unos amigos chinos de la costa de Tapachula me preguntaron si ya había probado las bondades de la “cámara hiperbárica”. Les pregunté qué era eso y me explicaron que es un “recinto cuya presión interior es superior a la atmosférica”, que oxigena el cerebro y todo el organismo, para descansar y distensionarse.
Les respondí, sin mucho pensar, que yo logro eso y mucho más sólo con el Sagrario, ante Jesús vivo y resucitado. Con Él platico y me alimento todos los días; me fortalezco, me consuelo y me animo; me reviso, me cuestiono y me exijo; con eso me oxigeno para empezar o concluir el trabajo, y todo gratis, sin gastar un solo centavo.

Cada quien tiene su sistema para descansar y reanimarse. Unos acuden a sicólogos y terapeutas de toda tendencia, a veces con costos muy elevados. Otros leen, duermen, ven televisión, descansan, pasean, buscan a sus amistades, o incluso se refugian en el alcohol, las drogas, el abuso de sexo, etc. No faltan quienes andan buscando ansiosos las últimas novedades para combatir su stress permanente, a veces con resultados transitorios o nulos. Mantenerse en búsqueda es inicio de curación.

JUZGAR
Estoy plenamente convencido de que Jesús es el único camino, la única verdad, la única vida, para todo el que busca sinceramente. El dice: “Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,9-10). ¿Por qué no te acercas a El? Nada pierdes y ganas mucho. Ganas todo, porque encuentras todo lo que necesitas.

Con toda claridad Jesús afirma: “Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados, y yo los aliviaré. Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para su alma, porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11,28-30). Es verdad; apartarse del quehacer ordinario, dedicarle al menos una media hora diaria, o si se puede una hora, entrar a una iglesia donde está el Sagrario con el Santísimo Sacramento, y platicar, de corazón a corazón, con Jesús que nos ve, nos oye, nos comprende, nos ama, se levanta uno renovado, fortalecido, descansado, rejuvenecido. Es una medicina mejor que cualquier otra. Es una terapia de resultados increíbles. Es mucho más desestresante que cualquier otro ejercicio, físico o sicológico. Como dice el Salmo 34(33): “Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor; dichoso quien se refugia en él… Los que miran hacia él, quedarán radiantes; no habrá sonrojo en su semblante. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias… Nada les falta a los que lo temen; los ricos empobrecen y pasan hambre, los que buscan al Señor no carecen de nada”

El Salmo 23(22) es muy alentador, con su lenguaje simbólico: “El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hace fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas. Me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo, tu vara y tu cayado me dan seguridad”.

ACTUAR
La vida no es tranquila. Quien más quien menos, quien de una forma quien de otra, todos tenemos problemas. Aún no estamos en el paraíso y a veces la cruz se hace pesada, y hasta muy pesada. No faltan incomprensiones y persecuciones. Pero no estamos solos. Jesucristo está con nosotros y nos dice que no tengamos miedo (Jn 14,27).

Busca a Jesús, de preferencia en el Sagrario, y verás que tu cruz se hace menos pesada, porque El lleva la parte más dura; con El, le encontrarás un nuevo sentido redentor a tus sufrimientos. Confíale lo que te aflige; saldrás de su presencia con nuevos bríos para enfrentarte a lo que sea; no sufrirás angustias desmedidas ni insalvables. Platícale con confianza tus proyectos, también tus alegrías, y El te iluminará para discernir lo conveniente.

Pide al Espíritu Santo que te conceda una fe suficiente, para descubrir a Jesús vivo, resucitado, presente en el Sagrario, y superarás el stress, la soledad, los fracasos, la desesperación. El te acompaña y te comprende, te levanta y te sostiene.

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas

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